Mural realista de laboratorio escolar

(Continuación del artículo: Violencia entrañable)

La energía atrae lo que transforma, así, los imanes pueden ser un lugar común. El papel lustre rebotó la luz que se colaba por la ventana apersianada, así, superada la primera indignación comencé a cavilar la segunda.

mural laboratorio escolar

En estricto sentido magnético, los polos iguales se repelen: el imán de papel lustre rojo y gris nunca atraería los tornillos, clips, tuercas, cubiertos, pinzas, clavo y tijeras, del mismo metal falso sobre el mural del laboratorio escolar nivel primaria. La desproporción de sus formas daba cuenta de la realidad de las cosas: todo puede ser a imagen y semejanza.

La atracción es una fuerza invencible, la noche es del día como el invierno primavera, nunca descansa. Además, las proporciones son la imagen y semejanza de sus pesos, por lo que el imán representado en este mural está desproporcionado no sólo física, sino simbólicamente. ¿Qué dimensiones escolares sugiere este desplante? Por lo pronto, que la ciencia importa poco sino es que nada dentro de este laboratorio de física básica.

Por otro lado, las analogías suelen ayudarnos a reconocer paralelismos y por tanto, antagonismos entre realidades aparentemente inconexas. El espacio vació que se circunscribe dentro de una tuerca sólo tiene sentido para el tornillo que enroscable. Así, es pertinente rebatir que mis observaciones sobre tanta desproporción son tornillo de otra tuerca, pues ¿qué estudiante o maestro de ese laboratorio se interesaría por estas palabras? Las probabilidades son de mínimas a nulas. No obstante, cabe agregar que la pertinencia física de este tipo de dislocaciones científicas, educativas, sociales y humanas, son un vacío que trasciende sus representaciones metafóricas, dicho de otro modo: una tuerca modular que abraza a todos los tornillos siempre de forma distinta.

Nuestro vacío no es solamente una metáfora y, tanto la atracción como la repulsión trascienden su espectro magnético en nuestra cotidianidad. Preferimos unas materias sobre otras, unas personas sobre otras; nos atraen cosas distintas y por lo mismo, somos capaces de discutir ininteligiblemente. Por supuesto, sin que dicha contradicción nos impida amalgamar extraordinarios casos de destrucción política, económica, social e individual.

La ciencia escolar no es solamente un mural atroz y el magnetismo afortunadamente trasciende nuestras ignorancias. No obstante, los espectros de dicho infortunio guardan la posibilidad de atraer -o repeler- improbabilidades en el futuro. Así, dadas las desproporciones, cabe apostar por el mínimo o nulo interés en la aburrición ajena que se empeña en hacer de la curiosidad, un letargo común.

Artículo publicado en la revista de Amnistía Internacional Querétaro Feb 2015

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