Aquí ¿se cuelgan las botas?

La pregunta del título es una interpretación mía de una imagen propuesta durante la función. Es decir, dicha imagen tiene otras interpretaciones posibles —incluso para mí—, sin embargo me apoyo en su metáfora cotidiana porque considero que preguntarlo es pertinente —aunque no hubiera habido botas en las funciones de graduación—: el camino profesional es incierto y en teoría, todos lo sabemos.

UMBRALES Y NOSTALGIAS

El año pasado asistí y escribí sobre PROXEMICS, la obra de graduación de la generación anterior (2015) de licenciados en Artes Escénicas, línea terminal en Danza Contemporánea, de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).

En aquella ocasión me enfoqué en lo simbólico de los umbrales y las distancias —entre ellos y el público, entre ellos como grupo, entre cada uno respectivamente— y concluí diciendo:

Quizá este comentario no es más que un llamado de alerta para el futuro —presente

: el ritmo mira lo que vibra y resuena lo que escucha, no lo que quiere hacerse escuchar.

A un año de haber escrito eso —y tratando de ser más específico—, no está de más recordarlo: nuestro sentido de orientación más confiable está en la observación, lugar donde —chance— convergen las incertidumbres que aunque no acabaremos de tejer, nos irán entrenando —si las asumimos— en el oficio de observar y ser observado al transitar.

En otras palabras: el oficio escénico es compartido e intransferible. Nadie observamos lo mismo porque experimentamos como individuos, y para hacerlo —e interpretarlo, necesitamos de los demás.

Aunque con diferencias claras en la dirección y el director, elenco, la investigación, y demás, PROXEMICS (2015) y AQUÍ (2016) comparten similitudes que no conviene pasar por alto:

 

  1. Ambas se presentaron en el Teatro de la Ciudad

  2. Fueron procesos creativos atípicos para los egresados

  3. Fueron de entrada gratuita, bueno, dieron sobres junto con el programa de mano para cooperación voluntaria. (Al respecto de la “justicia” de pagar por una función escribí: Como si comer huevo fuera justo)     

 

DESPUÉS DE LA EMOCIÓN, UN POCO DE REALIDAD PROFESIONAL

Volviendo al 2016, el camino profesional además de incierto es prejuicioso: “los artistas son muertos de hambre, genios esporádicos, o flojos de vocación” y quizá sea así de alguna manera. Como cualquier otro ámbito profesional, lo que nos une a nuestros colegas también nos diferencia: un doctor no es la medicina —menos mal. Así, no todos somos iguales ni tenemos por qué aspirar a serlo. Sin embargo, en contraste con los médicos por ejemplo, el reconocimiento público del artista rara vez corresponde al trabajo desempeñado. Los misterios al respecto no son menos diversos y en efecto, hay artistas geniales reconocidos en vida. Pero al reconocimiento profesional del artista siempre le acompañan dosis extras de escepticismo, como si tener suerte en la ciencia o en los negocios, fuera más legítimo que tener suerte en el arte —lo que sea que esto último signifique—.

 

DISCLAIMER

En mi comentario sobre TRÉMULO compartí una serie de puntos para contextualizar desde dónde estoy hablando cuando me refiero al trabajo de otros. Esto me parece fundamental éticamente hablando.

 

  1. Habla sobre lo que ves, no lo que quieres ver.

  2. No es una reseña ni una crítica, sino el comentario de otro artista escénico, yo, en calidad de espectador.

  3. Mi reto es ser asertivo para que esto pueda ser útil a alguien más.

  4. Somos los que estamos y estamos los que somos.

 

Ahora, como espectador de AQUÍ salí emocionado con el trabajo, agradecido de ver a una generación de bailarinas convencidas de que lo estaban haciendo era —de alguna manera— cuestión de vida o muerte. Por supuesto que lo anterior también es posible porque dichas bailarinas tienen maestros y aliados apasionados tras bambalinas, y el sello de Francisco Córdova en la dirección es elocuente.

Pero mi angustia avanzó con la noche: si las funciones de graduación fueran una alarma, ¿qué marcarían: la hora de despertar, de tomar la pastilla, o de terminar labores? Ese día me acosté enojado.

portada Aquí

PARÉNTESIS ANECDÓTICO

Cuando egresé de la carrera de comunicación —es decir, no sé qué es dar funciones de graduación— tenía muy claro que no estaba terminando nada. De hecho me urgía salir porque sentía que ser universitario postergaba mi inicio. Ya licenciado vinieron los primeros tropiezos profesionales, que por supuesto no tenía contemplados, y la escuela ya no podía ser excusa. Entonces comencé a dudar: ¿qué tenía claro al egresar? quería hacer muchas cosas y me sentía como el inicio de ¿Águila o sol? de Octavio Paz:

Comienzo y recomienzo Paz

 

Comencé a pensar que pensar no servía de mucho, que había que hacer, pero sentir que no estaba haciendo lo suficiente me frustraba. Entonces aceleraba el paso -¿me paralizaba?- queriendo iniciar con la página completamente en blanco.

 

Cri trabajos del poeta Paz

 

Cri

Cripta

Crisálida cripta

Grito crimen invertebrado y

no hay nadie en el desierto

Crímite

Razonable crímite de la verdad

¿hay alguien aquí?

Grillos de lengua

¿alguien?

Dientes de grillo

 

No alcanzo a ver ¿las funciones de graduación abren o cierran, siembran o cosechan?  

 

¿DE VIDA O MUERTE?

En lo particular, es responsabilidad de cada quien aquí seguirlo averiguando. Pero insisto en lo general:

 

  1. ¿Cuántas veces ANTES de la graduación, las ahora egresadas se presentaron en el Teatro de la Ciudad? Que yo sepa ninguna; las funciones suelen ser, o en el Museo de la Ciudad o en la Facultad de Bellas Artes de la UAQ. Es decir: ¿La elección del Teatro de la Ciudad para esta ocasión especial denota la presencia o la ausencia de foros asiduos para la danza contemporánea en Querétaro?
  2. AQUÍ resulta de un proceso creativo atípico para las egresadas. Un coreógrafo invitado exclusivamente para este montaje, un foro para la danza exclusivo -sólo funciones de graduación de la UAQ- y esporádico, entrada gratuita y una producción posible. ¿Cómo es esto distinto, a nivel gestión, de barrer calles, esconder vagabundos y pintar fachadas para una visita oficial?  En otras palabras: ¿No se insinúa una impostación del proceso de formación artística de las egresadas a nivel institucional?
  3. ¿Qué mensaje se envía a las personas que van por primera vez a una función de danza contemporánea y no se les exige pagar un boleto? (por ejemplo familiares o amigos que llegan más por el peso simbólico del evento que por una curiosidad estética). El asunto no es qué los motiva a ir. Y sí, que lo que vean sea de calidad —como en esta ocasión— es determinante, pero ¿qué hay de la formación de públicos? Para contextualizar: en las fiestas de graduación a nadie le sorprende que los boletos de entrada cuesten, ¿por qué una función de graduación en la que se invierte dinero, horas de ensayo, pasión y talento, tiene que limitarse a pedir cooperación voluntaria?  

 

Vuelvo, ¿estas funciones inician o concluyen procesos? Me gusta creer que cumplen ambas funciones dentro de la formación profesional de las egresadas. Me gusta imaginar que sientan un precedente concreto y simbólico de los retos que vendrán, pero la realidad me pone escéptico:

ENCUESTA IMPOSIBLE: ¿cuántos de sus egresados siguen bailando 5 ó 10 años después de egresar? ¿cuántos egresados vuelven a experimentar un proceso creativo con esas características (un director, un equipo de producción, un público expectante, un teatro disponible)? Como si trabajar y vivir dignamente bailando fuera una condición atípica para los bailarines. Como si en la práctica, este trabajo -dar funciones- no fuera suficiente ni para exigir al público asistente pagar un boleto.

 

Nadie se sorprende de que para entrar al cine haya que pagar un boleto, pocos se intrigan porque el negocio de las salas de cine esté en la comida y no en la taquilla. Y aunque podemos decidir ver una película sin comer palomitas ni refrescos, hay que pagar boleto para entrar a la sala, sin excepción.

También es cierto, las artes escénicas son más flexibles que la industria cinematográfica en sus formatos de presentación. Y el arte contemporáneo no se limita a exhibir para desarrollar sus procesos (es decir, hay artistas escénicos que trabajan sin dar funciones). Sin embargo, lo simbólico: ¿las funciones gratuitas —o de cooperación voluntaria— son una elección o una resignación?

Se requiere talento, disciplina, pasión e inocencia para correr riesgos en escena, pero la realidad es contundente: eso no es suficiente, también hay un antes y un después de la escena. Planteado en modo retórico: ¿qué artista reconocido se retira a los 10 ó 20 años de carrera?

 

Por mi parte, suscribo: “Artists don’t retire, they die”  

 

SERÉ BREVE

No volverán a ver en Querétaro una propuesta así pronto, quizá dentro de un año que vuelva a haber funciones de graduación. Y si me equivoco, que estaría genial, espero que no sea gratis y baile al menos, alguna egresada.

Cuando uno cree que descubre cosas, ya hay una película de ventaja:

 

 

CONTINUACIÓN

Hablar de lo que uno quiere hablar, hacer lo que uno quiere hacer, cada vez va siendo más desafiante dentro y fuera de la escena, cuestión de vida o muerte —y si fueron a la función y leyeron el programa de mano, me entenderán mejor—.

Programa de mano inside
Aquí, espero, no haya vuelta atrás ni rumbo fijo.

 

*Las imágenes son extractos del poema TRABAJOS DEL POETA de Octavio Paz.

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2 comentarios sobre “Aquí ¿se cuelgan las botas?

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