Catapulta 2016, una transformación silenciosa (I/II)

Por @dalgorozpe

Introducción

La crónica a continuación resulta de un diálogo entre Isabel Aguerrebere, directora del encuentro, y yo, que en esta ocasión participé como oyente y coordinador de relatoría. El objetivo general fue compartir la experiencia Catapulta 2016. Sin embargo, durante el proceso de escribir esta crónica fueron surgiendo diversas reflexiones que no estaban contempladas en la colaboración.

La versión extendida de esta introducción la encuentras en: ¿Reflexiones colectivas? (encuentros artísticos y sus derivados).

Acordamos publicar dos versiones de esta crónica, la que se presenta en el sitio web de Encuentro Catapulta se enfoca en describir las actividades realizadas durante el encuentro Catapulta 2016 cronológicamente. Y la segunda, publicada aquí en TrafficOnStage, complementa dichas descripciones con preguntas y reflexiones que fueron surgiendo durante el proceso. 

Antes, escribí el artículo: Catapulta, un encuentro de ciudades, artistas y silencios. Comparto todo esto buscando ser más específico cuando hablo de reflexiones y derivados que vienen con los encuentros artísticos. Todo esto es sólo un ejemplo más. Ojalá vengan más imprevistos pronto.

Y me pregunto ahora,

¿si nadie entró en la pieza contigua,

quién cerró cautelosamente la puerta?

Xavier Villaurrutia

Domingo de carretera, función y premoniciones. (Preinauguración)

Llegué a la CDMX alrededor de las 3:30pm del domingo 4 de diciembre. Línea azul, metro Hidalgo, salgo y camino hasta la puerta. Fue hasta que toqué que me abrieron en el Centro de Producción de Danza Contemporánea (Ceprodac). No era el único ni el último. Ese día el foro “La Caja Negra del Ex-esmeralda” esperaba a cerca de 30 personas, creadores escénicos, estudiantes de danza, colaboradores e invitados, para ver las 5 propuestas seleccionadas por Catapulta, encuentro de sorpresas escénicas.

Crucé la puerta y caminé hasta topar con pared. Hacia mi izquierda el salón 4 improvisaba los camerinos. Hacia mi derecha, al final del pasillo tras la cortina negra, una estación para controlar luces, audio y la entrada al foro. La caja negra con vista a una fila de sillas pegadas a la pared. Estaban montando luces. La función empezaría a las 6pm. Entrada libre.

La convocatoria fue nacional y sus propuestas no menos eclécticas: butoh, folclor fusión teatro , y danza contemporánea eran a un tiempo elementos comunes y divergencias entre obras de un programa que aunque repentino, no era menos representativo de las producciones escénicas contemporáneas en México. Insisto en el plural por una doble necesidad, la de informar y la de seguir desmintiendo la producción artística contemporánea: en este país hay muchos méxicos, cada vez más, y las artes escénicas no son la excepción.

mix-catapulta-2016

Dentro del salón-camerinos 4 las fronteras eran claras, cada una de las cinco propuestas se preparaban a su modo para presentar su trabajo ante el grupo de asesores Catapulta: Beto Pérez, Natasha Barhedia, Itzhel Razo, Víctor Manuel Ruiz e Isabel Aguerrebere, directora del encuentro. Poco antes de la función, iniciando el ensayo general, Isabel comentó: “es una función para nosotros”. Un pacto de tantas veces tras bambalinas que, en retrospectiva, fue adquiriendo una fuerza inesperada conforme avanzaron los días.

Al final de la Preinauguración. Foto de Brenda Jáuregui.
Al final de la Preinauguración. Foto de Brenda Jáuregui.

Camioneta hacia Pachuca y otras trivialidades de cuando intuimos que una carretera es muchos caminos al mismo tiempo.  

Llegamos a Pachuca Hidalgo la misma noche. Al terminar la función, viajamos todos juntos en una camioneta rentada.

“Invitados todos a la fiesta del cuerpo, la imaginación y la creación escénica.” se lee en su programa de mano. Pienso en los silencios -una camioneta rentada por la producción, la carretera de noche- y en su elocuencia: residentes, asesores, colaboradores y oyentes Catapulta pensando que íbamos hacia el encuentro, juntos, sin saber que cada una de nuestras preguntas para romper el hielo -¿de dónde vienes, qué haces, cómo te enteraste de la convocatoria…?- ya lo habían inaugurado.

Estamos tan habituados al protocolo de las inauguraciones, que a dicha convención se suma la idea de que los encuentros entre artistas son un asunto oficial que empieza y termina por decreto. Y para fines prácticos lo son. Pero yo pregunto: ¿es que siempre podemos explicar por qué trabajamos con tal o cual persona? Quizás para pedir financiamiento, imprimir un programa de mano u organizar una gira hay que lograrlo, pero la complicidad suele iniciar en el silencio y sus preguntas más triviales.

En otras palabras, la camioneta común me pareció una forma estupenda de romper -sin buscarlo- la solemnidad del inicio. De iniciar con un asiento fortuito, un silencio más o menos incómodo y la pregunta que se asoma con torpeza a quien nos tocó al lado porque, de algún modo, intuimos que una carreter es muchos caminos al mismo tiempo.

Once creadores escénicos repartidos en cinco obras seleccionadas, cinco asesores, y un equipo de colaboradores -asistente de dirección, community manager, encargada del video, maestros, estudiantes de la UAEH-, y oyentes que nos iríamos convirtiendo poco a poco en testigos de un proceso de colaboración artística que, y esto no lo anticipamos, nos había seleccionado a todos.

Talleres

Se llevaron a cabo en el Instituto de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).

Entrada del Instituto de Artes de la UAEH. Foto de Daniel Alvarez Gorozpe.
Entrada del Instituto de Artes de la UAEH. Foto de Daniel Alvarez Gorozpe.

En algún lugar que no recuerdo con precisión leí: damos forma a nuestras herramientas y después son ellas las que nos forman a nosotros. En el programa aparecían los siguientes talleres de parte del equipo de asesores:

  • Biomecánica en parejas, por Isabel Aguerrebere, creador escénico, gestora cultural y educadora artística. Directora general de Catapulta
  • Creación y potencia escénica, por Itzhel Razo, directora de escena, actriz, artista multidisciplina. Directora de Portateatro
  • El performer creador, por Natasha Barhedia, performer, artista visual y coreógrafa. Directora de la compañía internacional Future Husband.
  • Construcción del lenguaje escénico, por Víctor Manuel Ruiz, coreógrao, docente, intérprete e iluminador. Co-director de la compañía Delfos Danza Contemporánea.
  • El cuerpo reflexivo por Beto Pérez, coreógrafo, pedagogo e intérprete. Director del proyecto Itaca.

A los que se sumaban talleres estratégicos. Es decir, con un enfoque -quizá- menos artístico pero crucial para profesionalizar las obras seleccionadas:

  • Comunicación estratégica en las artes escénicas, por Fernanda Vilares (community manager). Especialista en marketing digital.
  • Del arte no se puede vivir, por Víctor Espinoza y Natalia Cárdenas. Expertos en negocios y finanzas aplicadas a Proyectos artísticos y culturales. Directores de red de Talleres Integrales Multidisciplinarios.
  • Taller práctico de iluminación Víctor Manuel Ruiz
Todo iniciaba antes…

Aunque el itinerario decía que las actividades iniciaban a las 9am, todo iniciaba antes -no oficialmente por supuesto-. Algunos dormían en hotel, otros en casas de amigos, conocidos, o en mi caso, de un oyente que sin conocerme me abrió las puertas de su casa durante todo el encuentro. A esto me refiero cuando digo que todo iniciaba antes: en el puesto de licuado, caminando por el tamal más cerca de nuestro punto de encuentro -el hotel Independencia- donde algunos maestros de la UAEH y miembros de la compañía de danza Luz Corpórea, nos subían en caravana desde el centro de Pachuca hasta el Instituto de Artes, en Real del Monte, para que los talleres y las asesorías empezaran alrededor de las 9:30am.

Así, conforme fue avanzando la semana probé el atole de arroz con leche y di con varios cafés sin canela y pan de pulque recién hecho, sin perderme ninguno de los talleres.

Los talleres también se fueron adaptando al grupo. Itzhel Razo, por ejemplo, después de ver la función en CDMX me comentó que sentía que en vez de lo que tenía planeado, compartiría herramientas de dramaturgia que serían de mayor utilidad para las obras. Víctor Manuel Ruiz -Manu le decían algunos- por otro lado, así como dio dos sesiones de CONSTRUCCIÓN DEL LENGUAJE COREOGRÁFICO, dio una sesión de iluminación en el Teatro de la Ciudad de San Francisco al tiempo que coordinaba a los técnicos para programar las luces y nos introducía a todos a la experiencia real de diseñar un montaje de luces en un teatro que conoces por primera vez. El trabajo artístico es una sorpresa constante.

Fuerte y suave, la paradoja del bailarín con Beto Pérez

Así lo dijo Beto Pérez durante su taller y sentí comezón. El trabajo era en parejas y a grandes rasgos, el objetivo consistía en ayudar a nuestro compañero a integrar las conexiones entre sus dedos y el torso que dan movilidad al brazo. No es masaje, precisó más de una vez. La dinámica era clara: visibilizar mediante el contacto.

Pensé rápidamente en las cosquillas -al parecer, no era comezón-, uno es incapaz de hacerse cosquillas a sí mismo. Es decir, que para integrar -o recordar- las conexiones en nuestro cuerpo que nos permiten movernos necesitamos al otro. Esta experiencia me pareció un modo muy concreto de recordarnos la necesidad de cuestionar nuestras certezas una y otra vez, pero sobretodo, de integrar el conocimiento científico, experiencial, social -por decir algunos ejemplo-, a nuestro trabajo artístico.

Con frecuencia olvidamos que la danza no es un compartimiento fijo

Que las disciplinas del conocimiento suceden la experiencia del conocimiento, no al revés. Que la biología es el estudio de la vida y no la vida; que la danza no es un compartimiento fijo, cerrado, de entrenar y usar el cuerpo sino un modo de relacionarnos con el mundo. Mejor dicho, una oportunidad de darnos cuenta de que no hay uno sino diversos modos de movernos con el mundo.

Aprender es una habilidad que nos ayuda a integrar nuestras experiencias para poder disponer de ellas en contextos futuros. Pienso en las articulaciones, nervios, músculos, tendones que conectan la punta de nuestros dedos con el torso; pienso en las cosquillas que nos ayudan a reconocer la sensibilidad del otro; puentes por donde la risa y la espontánea contorsión del cuerpo nos revelan conexiones ocultas entre la amistad y el abdomen. Pienso en islas escondidas entre las costillas, del centro hacia las afueras de las rodillas, bajo las axilas o esperando entre el suelo y la planta del pie a que alguien fuera de nosotros mismos las abra con sus dedos. Mejor dicho, el contacto no es un lujo sino parte esencial de nuestra singularidad.

¿Para qué bailamos?

Foto de Brenda Jáuregui.
Foto de Brenda Jáuregui.

Los rasgos de la obra con Itzhel Razo

Con Itzhel buscamos lo opuesto, reconocer las distintas partes que conforman la dramaturgia escénica de las obras: plot, tema y discurso. Sin embargo, la intención permaneció: integrar dichas partes de un modo más consciente a fin de esclarecer la identidad de la obra que se sintetiza en su nombre.

La discusión acerca de si las obras seleccionadas eran congruentes entre su nombre y sus partes no era para premiar o castigar, sino para enriquecernos. Residentes y oyentes Catapulta participamos en la dinámica de ir obra por obra identificando plot, tema y discurso. Entonces se abrían espacios de incertidumbre entre lo que los residentes deseaban, proponían y lo que los demás percibíamos de sus obras. Inconsistencias, complicidades o puntos ciegos que denotaban a un tiempo la particularidad de cada obra y la particularidad del encuentro: hablar de una obra propia o ajena, pensarla en voz alta y en grupo, es un modo concreto de crear.

La dramaturgia escénica ofrece herramientas útiles para fortalecer nuestros procesos creativos y tender puentes que nos permitan relacionarnos con nuestros públicos. Con frecuencia escucho que los artistas escénicos, al percibir un público pasivo, se dan a la tarea de buscar estrategias que los conviertan en espectadores activos pasando por alto el sesgo de origen: ¿pasivo según quién? ¿activo en relación a qué?

Es verdad que actualmente la creación escénica contemporánea explora nuevos modos de trabajo, foros, estructuras y por ello, va ofreciendo una diversidad cada vez más vasta de propuestas. Al menos, en teoría. Pero como con la seguridad de estar frente a un público activo/pasivo, ser juez y parte nos ofrece una perspectiva muy limitada de las cosas. A este respecto, preguntarnos por ejemplo: ¿cómo se relaciona nuestra obra con los temas que nos interesan?, ¿hasta qué punto somos capaces de articular un discurso sobre lo que nos rodea? O ¿es el nombre de nuestra obra una ventana por la cual el público puede interesarse por nuestro trabajo? Me parecen modos más concretos y prolíficos de identificar y convocar a nuestros públicos. Escuchar su respuesta y seguir buscando el diálogo. Mantenernos activos.

Apropiación y representación con Natasha Barhedia

Cuando la pasamos bien el tiempo nos parece insuficiente y se nos alborota la nostalgia. Natasha Barhedia trajo 5 manifiestos para trabajar: el futurista, dadá, danza del futuro, del sí y del no. Se hicieron equipos a partir de la preferencia por uno u otro y cada equipo hizo una representación performática del manifiesto elegido.

Tres factores fueron cruciales:

  1. La capacidad de apropiación del manifiesto por cada uno de los grupos.
  2. La capacidad de representar dicha apropiación: ¿Qué fue lo que llamó nuestra atención, cómo lo mostramos?
  3. Lo ritualístico de la representación: el público entra y observa, ¿cómo lo incorporamos a la representación?

Lo anterior tenía que concluirse en una sola sesión de dos horas. Tiempo insuficiente para presentar una propuesta acabada, pero justo para detonar un proceso creativo colectivo propio a partir de un texto ajeno, que habrá de presentarse ante un público -los demás equipos-.

Sentí empatía con la dinámica de Natasha: escribir un manifiesto me parece un ejercicio subestimado en el contexto contemporáneo, representarlo, un acierto didáctico. Considero que argumentar la pertinencia de una propuesta artística en su contexto, del compromiso con una postura artística -política- que puede denotar un manifiesto, resuena en los silencios de la creación artística contemporánea: la obra está en el proceso y el proceso es a un tiempo, el reconocimiento y la integración de las partes.

Sin embargo, como cualquier ejercicio del pensamiento, la simulación está siempre latente. ¿Cómo distinguirla?

Gestos y nombres con Víctor Manuel Ruiz

El ejercicio que propuso Víctor se repartió en dos sesiones e involucró nombres y gustos de cada uno de los participantes del encuentro. Es decir, la búsqueda de un lenguaje coreográfico no es la misma para todos sino que puede empezar en lo que nos hace particulares, en aquello que nos mueve -literal y metafóricamente- y que al mismo tiempo hace bailar nuestro nombre. Lo va transformando.

La dinámica resultó en un breve laboratorio escénico donde para cerrar, fueron pasando uno por uno al frente con una secuencia de movimiento propia y un texto también individual que se fue puliendo en ejercicios colectivos previos. Víctor y quienes quisiéramos, podíamos hacer algún comentario para ayudar a quien estaba al frente a ver algo de sí que quizás no advertía con la claridad con que lo hacíamos nosotros desde fuera.

Por supuesto que una investigación de este tipo requiere mucho más tiempo para irse materializando en una propuesta escénica concreta. Pero las viñetas que de pronto hacía Víctor respecto a lo que veíamos, en más de una ocasión nos permitieron ver casi inmediatamente cómo los pequeños detalles pueden transformar nuestro movimiento, darle claridad y en consecuencia, darnos claridad de nuestras particularidades como intérpretes.

Beto Pérez dando asesoría a Nandy Luna y Ángel Mercado, residentes Catapulta con la obra KAXAN (Buscador/es). Foto de Fernanda Vilares.
Beto Pérez dando asesoría a Nandy Luna y Ángel Mercado, residentes Catapulta con la obra KAXAN (Buscador/es). Foto de Fernanda Vilares.
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