Jam de improvisación. Y tú ¿bailas padre?

Desde 1982, instituido por la UNESCO, se celebra oficialmente el día internacional de la danza el 29 de abril. Es decir, que desde hace treinta y cinco años tenemos -presumiblemente- la oportunidad de reflexionar al respecto de un modo más o menos fortuito, público y global.

Aunque una parte de mí celebra la cantidad de eventos alusivos en ciudades, foros, universidades y cuerpos alrededor del país que me notifica Facebook, otra no puede evitar desconfiar del hecho que toda esa diversidad tenga o responda a la misma iniciativa: dar o convocar a funciones gratuitas de programación improbable (danzón, danza contemporánea y teatro infantil, por ejemplo) pretendiendo, como cada año, espontaneidad. Pero es más, si asumimos que dicha mezcla suma al valor simbólico de la ocasión como la diversidad de referencias enriquece cualquier oficio creativo, lo que me sigue generando suspicacia es la superstición colectiva (de artistas, instituciones y ciudadanos) respecto a la visibilización del trabajo de un sector productivo que si se enfoca exclusivamente en bailar, como pudiera un contador dedicarse a llevar los libros de una empresa, no tiene derecho a servicios públicos de salud. Y ése es solamente un ejemplo concreto de la sistemática realidad de muchos artistas, no sólo bailarines, respecto a lo que tu trabajo, irónicamente, invisibiliza.

No obstante, parece haber excepciones, por ejemplo la propuesta de DanzaUNAM con el “Día internacional de la Danza. Todos los cuerpos. Todas las voces.” que, escribió Niza Rivero para Proceso:

Con la idea de propiciar debate y reflexión sobre el cuerpo, la escena, danza, el espectador y el arte, a través de charlas académicas, así como un programa artístico en el Centro Cultural Universitario, el encuentro buscará posicionarse como un espacio de disfrute y reflexión del ejercicio dancístico y un diálogo entre la tradición y la experimentación, en reconocimiento a todas las voces de la danza.

Confío en que habrá otras excepciones, menos espectaculares quizás pero comprometidas con recordar en sus entornos, que el oficio artístico va mucho más allá de la producción artística.

Por mi parte, después de toparme con Límites, poema de Borges, improvisé un poema para la ocasión:

“Un Juez es un sirviente, e incluso, está subordinado a la policía”

Michel Foucault

La danza olvida mejor cuando escribe

Una posición arriesgada seguir

Ya por última vez, nos circunscribe

Una foto viral no puede dormir

Dejar que los perros ladren en verso

Agazapado, Ignacio va muerto

Y desde lo alto, sin más esfuerzo

La madre me recarga su esperpento

El mundo cambia, no los bailarines

El foro labia, no los bailarines

El rumbo panza, no los bailarines

El tufo no cambia, los bailarines

Fueron once hace tanto y como agua, sé

Que tu madre engendró un desierto y seguir

Posición arriesgada, pez preparóse

Para escribir una carta y mentir

Van treinta y cinco Ignacio, y nada

Para bailar no es necesario escribir

Vuelve a la poza en que nací y nada

Ay posmo salmón, te vas arrepentir

Una calle se desdobla (no sé cuál)

De las buenas costumbres previó el viento

Sobre el diván de mis orejas, ritual

Para el despeinado consentimiento

Deseo mi libertad con honradez

Soy muchos no sólo un cuerpo y redoblo

Con más de un sueño intranquilo a la vez

Me dirijo al trabajo, no lo hablo

Para siempre cerraste alguna puerta

Así nos reclutas coreografía

La encrucijada te parece abierta

Tu padre muerto arte radiografía

Calle una cualquiera si se desborda

Diría Manu Chao, cabemos todos

Los que guardamos lo que nos estorba

Para estadísticas los mal besados

Dejar que el reflejo ladre en sus perros

Son tiempos de mensajería virtual

Y cuerpos sofisticados cencerros

Mañana será otro día internacional

Cuando sea viejo cenaré ligero

Una máquina recordará por mí

No hay whisky, ni amor, ni hogar verdadero

Y seguiste escribiendo bailarín

 

Y para cerrar, una anécdota personal. En una reunión, cuando me presentaron con el anfitrión diciéndole que yo era bailarín, buscando ser cordial me dijo: y tú, ¿bailas padre?

Artículo también publicado en Catalejo.

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