Compartir procesos creativos: diálogo o necedad Recordar es sustituir

Actualmente, la palabra compartir se diluye poderosamente entre algoritmos, gestos y supersticiones. Trataré de ir más allá del flash tecnológico, pues la película se ha repetido incontables veces, como los falsos profetas.

Mientras nos sigue alcanzando para guardar tantas cosas (ideas, creencias, fiestas y memes), me quedó pensando en los desdoblamientos cada vez más opacos de los espacios que compartimos: imagen y realidad; libertad y control; presencia virtual.

 

Donde dije guardar bien pude haber dicho mirar, habitar o nombrar. Es decir, una cabina telefónica me parece una representación más precisa de una conversación que un encuentro cara a cara; el encierro asumido, evidente e interesado, pero sobretodo intransferible para encontrarnos con el otro, ofrece más interpretaciones posibles que la literalidad de una imagen (peor suele ser el cerco de su explicación). Recordar es sustituir, prescindir de la literalidad de las formas para derramarnos en nuestros encuentros.

 

En ese sentido, compartir es sobretodo un ejercicio de la imaginación. ¿Hay otro modo de relacionarnos con el mundo?

Por lo tanto, considero que la necedad no es ausencia de diálogo, una disonancia quizás entre sus interlocutores que sugiere aprender a mirar distinto (lo que sea que eso signifique), pero no una disyuntiva entre compartir o no. Las herramientas para relacionarnos con el mundo seguirán siendo cada vez más sofisticadas, lo mismo que los sistemas de control que compartimos y nos reparten. Mi pregunta es, ¿sabemos llegar a la cabina telefónica de nuestra imaginación?

 

La yerba crece a la sombra del barco

Tren de pensamiento, ven filo de mar

Y acaricia la noche que enmarco

Ven otoño a mi soledad enramar

(seguir leyendo sobre The Back Up Manifesto)

 

En otras palabras, entre compartirse y no, se extiende la intimidad, la coctelería y los modelos freemium. Me gusta.

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Compartir procesos creativos: ¿diálogo o necedad?