Historia

Un jardín para tres metáforas

Un buen proyecto, a ojos propios o ajenos, no es garantía de nada más.

De los besos, dictámenes potentes,

De los transportes como resplandores

¿qué nos queda? ¡Oh, cenizas indolentes!,

Un pálido dibujo a tres colores,

Charles Baudelaire

Presenté el proyecto por primera vez en 2008 a un amigo y director de teatro sin saber –pero pienso que no podía haber sido de otro modo– que no entendía lo que empezaba. Hago hincapié en la inocencia trillada por una discreta obviedad que omitimos una y otra vez: la confianza es un prejuicio.

Una revista cultural electrónica. Eso creía yo que quería hacer dos años antes de graduarme de Licenciado en Ciencias de la Comunicación en mayo de 2010. Un espacio virtual común para el arte, la política y la sociedad; tres pretenciosos manojos de inocencia fueron demasiado para quien cree que un título universitario y una reciente pasión por el teatro –actué por primera vez en preparatoria–, son floreros suficientes para cobrar en los parques.

En 2013 presenté el proyecto de TrafficOnStage para concluir el Certificado para la innovación en la gestión cultural que ofreció en dos ocasiones 17, Centro de Estudios Críticos. No fui aceptado la primera vez y la segunda, una gira por España con la compañía de danza que trabajaba en ese momento me impidió asistir a la tercera y última sesión presencial.

En respuesta a mi proyecto recibí el siguiente correo el 1° de julio de 2013:

“Recibí tu proyecto final y en términos generales es un buen proyecto. Sin embargo, dada la estadística de tus accesos a los foros, de tus participaciones en los mismos, y por tu ausencia en la última sesión presencial, no podemos darte el Certificado.”

En retrospectiva, sigue siendo irónico: recibí una constancia por haber sido inconstante durante una certificación para la que “en términos generales”, de acuerdo con la Coordinadora del Certificado, estaba capacitado. Entregué  un buen proyecto pero no fue suficiente.

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Comparto esta anécdota porque me parece representativa del inicio de TrafficOnStage: un buen proyecto, a ojos propios o ajenos, no es garantía de nada más. Así, esta noción me parece también un espacio posible para las palabras de Luis Radford en su conferencia sobre semiótica cultural y cognición:

El saber no es algo acerca de cosas preexistentes o acerca de objetos eternos que no cambian. El saber se genera en el curso de la actividad humana y la forma que toma ese saber depende de la dimensión históricoeconómica y de una superestructura simbólica. 1

Mira las piedras danzantes de nuestro andar

En 2014 me mudé a la Ciudad de México, apliqué y quedé seleccionado como maestro de danza para un proyecto de La Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM, a través de la Dirección de Danza: “Dánsika – Detección de Talento y Exploración Creativa”.

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A grandes rasgos, el proyecto consistía en desarrollar un taller interdisciplinario (danza y música) para alumnos de secundaria. El grupo de maestros seleccionado era heterogéneo y estaba conformado por músicos (pianistas) y bailarines. La estructura de la clase había sido previamente diseñada por quienes nos capacitaron, e impartiríamos las clases en equipos de tres: un maestro de danza, otro de música y un auxiliar, de danza también.

Me motivaba trabajar con gente nueva y en otra ciudad, pero sobretodo me motivaba la idea de ser parte de un proyecto que pretendía innovar en la educación artística, y contaba –eso creí– con los recursos necesarios para intervenir en el letargo de nuestro sistema educativo: un espacio (la escuela nacional preparatoria 2, la única incorporada a la UNAM que tiene secundaria), medios (maestros, material didáctico y un presupuesto económico) y un objetivo establecido(la exploración creativa, ese eufemismo implacable). Me precipité silenciosamente: sentí que tendría la oportunidad de parafrasear a Jerzy Grotowski en mis clases:

ser un zapatero que trata de encontrar el lugar definitivo del zapato donde puede encajar el clavo para que la creatividad camine. 2

Me sentía entonces, unos pasos más cerca de la pregunta clavada en mí por los libros de Peter Brook pocos años atrás: ¿Para qué sirven las artes escénicas en la actualidad? Comenzaba a entender que TrafficOnStage no podía ser una revista, que necesitaba un espacio compartido de aprendizaje y que el arte, objetivo de mis licenciadas competencias en comunicación, podía no ser un espectáculo.

La continuación de esta historia se escribe en Mi alcoba tiembla como un barco.

Referencias bibliográficas

1 Radford, Luis, Semiótica cultural y cognición, Conferencia plenaria dada en la Decimoctava Reunión Latinoamericana de Matemática Educativa. Universidad Autónoma de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, México, Julio 2004.

2 En respuesta a la pregunta de Eugenio Barba: “El nombre de Laboratorio Teatral hace pensar en una investigación científica. ¿Es esta una asociación apropiada?”, Grotowski responde: ”No tratamos de trabajar de la misma manera que el artista o el científico, sino más bien como el zapatero que trata de encontrar el lugar definitivo del zapato donde pueda encajar el clavo.” (p.21). Jerzy Grotowski. (1970). Hacia un teatro pobre. México: Siglo XXI Editores

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