Catapulta 2016, una transformación silenciosa (II/II)

Parafraseando a Alberto Caeiro: somos del tamaño de lo que vemos. Y seguir creyendo que reflexionar el trabajo artístico no es imprescindible para nuestro quehacer, que pensar -y hablarlo- no es hacer, me parece una elocuente paradoja del alcance de muchos proyectos artísticos actuales. Siempre hay excepciones.

Catapulta 2016, una transformación silenciosa (I/II)

El objetivo general fue compartir la experiencia Catapulta 2016, pero otras reflexiones se fueron sumando. Comparto esta crónica y artículos buscando ser más específico cuando hablo de derivados y divergencias que vienen con los encuentros artísticos. Todo esto es sólo un ejemplo más y ojalá pronto vengan más imprevistos.

Luces intermitentes para Catapulta, un encuentro de artistas escénicos

as mismas luces intermitentes nos permiten evidenciar diversas incertidumbres desde el auto. Dicho de otro modo, el estar atento puede ser una especie de paradoja: un modo de alerta-estable donde sabemos –o creemos saber, es hacia acá a donde quiero ir– que el riesgo es inofensivo o estará, más pronto que tarde, bajo control.

Comenzar un laboratorio escénico, ¿para qué?

Pude entender que los modelos convencionales de producción teatral, muy socorridos en esta ciudad (Querétaro, Mx), replican y perpetran un modelo capitalista en el que el actor/ la actriz no son más que obrerxs del proceso creativo del/ la director (a) y el administrativo del/ la productor (a).

¿Que esperamos los bailarines cuando finalizamos la carrera?

¿Es nuestro montaje de graduación un premio, una receta de cocina que se repite año con año?, ¿Es nuestro único acercamiento a lo profesional que la Licenciatura ofrece? o ¿Es la presentación de una generación de bailarines que se expone a la sociedad, como una fiesta de quinceañera, para que vean que ya estamos listos para lo que sigue?